20 julio, 2023
Quince años después...
Hace quince años aproximadamente que publiqué mi primera entrada en este blog. Parece como si hubiera sido ayer...pero ya han pasado quince años con sus respectivos cambios de país, idas, vueltas, y todo lo demás.
Si me pongo a escribir todo lo vivido y acontecido durante estos años, tal vez pudiera escribir un libro, jajaja.
Ha sucedido de todo (Tanto bueno, como cosas que de verdad nos ponen a prueba y nos templan el carácter y el alma).
Ignoro si habrá aún quien lea este blog, pero el reencontrar estas lineas después de todos estos años me ha conmovido realmente y también me ha animado a seguir escribiendo (y compartiendo).
Por circunstancias de la vida, estuve en una etapa de "silencio" e incluso quité todo el contenido que había publicado. Ahora he elegido, los que a mi parecer son las mejores entradas y las he vuelto a publicar.
Con alegría veo que mis pensamientos acerca de aquello que publico el día de hoy no ha cambiado...y esa chica joven que publicó hace 15 años sigue con esa misma energía (tal vez un poco más encausada, jejeje) y creatividad.
Veremos por donde fluye la cosa y lo que publicaré en breve.
Brotes de primavera
Hay algo más conmovedor que los brotes tiernos en los árboles anunciando la inminente llegada de la primavera? Cuando uno se encuentra en Europa, uno se da cuenta que verdaderamente existen las estaciones y que el tiempo pasa. Desde hace ya varios años que siempre volteo a ver preocupada a los árboles cada invierno, con el temor de que la vida dentro de ellos ya no vuelva a surgir…esa explosión de semillas, brotes y lagrimeos amarillos y rosáceos, por fin me deja respirar tranquila, sabiendo que la naturaleza sigue existiendo, con esa fuerza invisible que nos habla de que hay armonía en ella. Si que existe la armonía en el universo. Dejemos que inunde nuestra mente y corazones con sus brotes primaverales.
MI PROPIA VOZ
Comencé a cantar a la edad de seis años, para mi siempre fue un medio de comunicación activa con el mundo exterior, algo que salía de muy dentro de mí, y que me agradaba…son pocas las cosas que salen fuera de nosotros y nos gustan, cuando somos niños encontramos como aceptables, y aprobamos la mayoría de nuestras acciones creativas: en los pequeños la insatisfacción no existe. Seguimos manteniendo esa capacidad de aceptación incondicional infantil a nuestras propias acciones creativas dentro de nosotros.Ayudar a descubrir a alguien su propia voz es una de las cosas más hermosas y desafiantes que pueda haber en la vida. Nuestra voz es la depositaria directa de nuestros registros emocionales: todas aquellas experiencias intensas, tanto positivas, como negativas, dejan una marca directa en nuestras voces. Son muchas las personas que llegan a la edad adulta con una voz que no es la suya propia: ya sea por imitación de la voz de alguien de la casa donde se creció, o bien, por el desarrollo de malos hábitos producto de la influencia de numerosos factores externos.
Nacemos con la capacidad de producir sonidos de gran magnitud capaces de atraer la atención de nuestros padres aún siendo unos frágiles bebés: éste es nuestro grito primal, nuestra voz indeleble que siempre estará allí esperando ser descubierta. Mucho se podría hablar acerca de la evolución de las capacidades vocales del ser humano a través de más de ciento cincuenta mil años. Las pinturas rupestres evidencian la primigenia inclinación mágica-ritual de los seres humanos, y éstos rituales siempre han ido acompañados de cantos, los que inducen al trance, a la introspección, los cantos que atraen las lluvias y la fertilidad. Esos cantos han empezado sin palabras, simplemente como un eco de ese grito primal inherente a nuestra humanidad, guiados por la imaginación, imitando pájaros y sonidos de la naturaleza.
Cantar es la cosa más fácil del mundo. Es una capacidad innata que todos tenemos, y que desgraciadamente, se ve muchas veces coartada por duros criticismos y prejuicios. Para cantar no es necesaria formalidad, o tener que asistir per se a un conservatorio de música. Cantar es un acto muy humano, tanto como respirar, como hablar…y de lo que se trata es de recuperar ese pedacito de humanidad que nos ha sido arrebatada. Para esto, tenemos que volver a nuestras raíces, tenemos que recuperar nuestro instinto animal, y poder reconocer la naturaleza, y el grito primal que viene impreso en nuestros genes desde hace miles de años.
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EL GUSANO Y LA MARIPOSA.
Metamorfosis. Primavera. Orugas. Mariposas.
Recuerdo muy bien que cuando era una niña pequeñita, estaba encantada por la historia de Silvia Roche llamada “Pepina Oruga” que más tarde se convertiría en “Katy la oruga”.
Mi mamá aún recuerda esos días en los que con escasos tres añitos le pedía que me leyera el cuento de Pepina y me pusiera su pequeño disco color verde. Ese libro, con huellas dejadas en él por mascotas de la familia y traqueteado por el uso, me ha acompañado a cada uno de mis distintos destinos.
El sol alado fue para los antiguos egipcios el símbolo mismo de la metamorfosis. Encontramos el ejemplo más claro de la naturaleza en la oruga que se convierte en mariposa, y que para hacerlo labra dolorosamente su crisálida en una operación de vida o muerte. La vida le premiará con un par de alas con las cuales verá el mundo y lo que en él acontece desde lo alto, y atrás quedará esa visión reducida que era lo único que le permitían sus movimientos torpes y limitados.
Las metamorfosis duelen, no son cosa sencilla. En ellas uno tiene que dejar morir aquello que quiso un día, que deseó para si mismo, en pos de un futuro mejor. Durante una metamorfosis, uno a manera de oruga ha tejerse su propia crisálida y amortajarse en ella. Es imperativo permanecer inmóvil, envueltos en el silencio del corazón. Es como si por un instante el alma de uno se fuera a un lugar donde se está a salvo para poder desde ahí nuevamente volver a anidar un nuevo cuerpo, esta vez un cuerpo alado. Después de todo tal vez los viejos sueños pueden ser cambiados por mejores realidades, más felices. El gusano se vuelve mariposa, el sueño se transforma en realidad.
Recuerdo muy bien que cuando era una niña pequeñita, estaba encantada por la historia de Silvia Roche llamada “Pepina Oruga” que más tarde se convertiría en “Katy la oruga”.
Mi mamá aún recuerda esos días en los que con escasos tres añitos le pedía que me leyera el cuento de Pepina y me pusiera su pequeño disco color verde. Ese libro, con huellas dejadas en él por mascotas de la familia y traqueteado por el uso, me ha acompañado a cada uno de mis distintos destinos.
El sol alado fue para los antiguos egipcios el símbolo mismo de la metamorfosis. Encontramos el ejemplo más claro de la naturaleza en la oruga que se convierte en mariposa, y que para hacerlo labra dolorosamente su crisálida en una operación de vida o muerte. La vida le premiará con un par de alas con las cuales verá el mundo y lo que en él acontece desde lo alto, y atrás quedará esa visión reducida que era lo único que le permitían sus movimientos torpes y limitados.
Las metamorfosis duelen, no son cosa sencilla. En ellas uno tiene que dejar morir aquello que quiso un día, que deseó para si mismo, en pos de un futuro mejor. Durante una metamorfosis, uno a manera de oruga ha tejerse su propia crisálida y amortajarse en ella. Es imperativo permanecer inmóvil, envueltos en el silencio del corazón. Es como si por un instante el alma de uno se fuera a un lugar donde se está a salvo para poder desde ahí nuevamente volver a anidar un nuevo cuerpo, esta vez un cuerpo alado. Después de todo tal vez los viejos sueños pueden ser cambiados por mejores realidades, más felices. El gusano se vuelve mariposa, el sueño se transforma en realidad.
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El derecho a contemplar las estrellas
Hoy es 20 de abril. Se ha declarado ésta fecha en concreto como el día del "derecho que tiene cada ser humano a voltear hacia el firmamento y contemplar el cielo estrellado." Escuché la noticia hoy por la mañana. Me conmovió. Y me conjuró para escribir éstas líneas.
Todos tenemos derecho a contemplar las estrellas. A voltear "hacia arriba".
Homo sapiens sapiens sapiens occidentalis, endereza tu columna vertebral ya deforme por vivir una existencia encadenada a la pantalla del ordenador, fuente de tantas libertades y también desinformaciones.
Homo sapiens sapiens sapiens, tal vez si volteas hacia el firmamento encuentres ahí el reflejo de tu corazón, de tu inocencia perdida. Tal vez si volteas hacia arriba, de repente veas reflejada tu posible grandeza en una lejana estrella. Llorarás, te conmoverás y decidirás tu mismo convertirte en una estrella que bride luz a éste mundo. Después de todo, tus cuatro extremidades sumadas a tu cabeza, dan por resultado una estrella...
Todos tenemos derecho a contemplar las estrellas. A voltear "hacia arriba".
Homo sapiens sapiens sapiens occidentalis, endereza tu columna vertebral ya deforme por vivir una existencia encadenada a la pantalla del ordenador, fuente de tantas libertades y también desinformaciones.
Homo sapiens sapiens sapiens, tal vez si volteas hacia el firmamento encuentres ahí el reflejo de tu corazón, de tu inocencia perdida. Tal vez si volteas hacia arriba, de repente veas reflejada tu posible grandeza en una lejana estrella. Llorarás, te conmoverás y decidirás tu mismo convertirte en una estrella que bride luz a éste mundo. Después de todo, tus cuatro extremidades sumadas a tu cabeza, dan por resultado una estrella...
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